lunes, 9 de febrero de 2009

ir y volver a ir...

Afrontó la realidad caminando por los suburbios de su memoria, trató de entender, entró en cada rincón de sus emociones, vivió sus dudas y sus desilusiones pasadas, trató de ver más allá de sus narices atravesando mares de tempestades.
Fue hacia el final y volvió de nuevo muchas veces, se encontró con muchos fantasmas que ya conocía y de los cuales ya se sentía casi amigo.
Revivió y volvió a revivir sus sentimientos. Cansado y vencido logró subir hasta la cima de la montaña más alta, se echó sobre la nieve con las manos y las piernas abiertas mirando hacia el cielo, hablo, pidió, llamó, escuchó, pensó, se enojó, perdonó, lloró, se avergonzó de si mismo. Luego respirando el aire fresco de las alturas, tan cerca de la naturaleza y del Ser, se dio cuenta que todo lo que había pasado le enseñaba a amar, que sufría por amor porque siempre había pensado que amor puede ser sufrimiento y no paz, se dio cuenta que amor es bondad y no solo deseo, que el amor es ir y volver a ir muchas veces para buscar el propio Yo y así poder darlo lo más limpio posible a la persona amada... por eso, volvió a afrontar la realidad otra vez, caminando por los suburbios de su Ser...

3 comentarios:

  1. Es cierto amigo que aprendemos a convivir con nuestros propios fantasmas. Las experiencias de la vida que en algún momento nos afligieron, también nos abren con el tiempo tremendos caminos de felicidad.¡Bellísimo!
    Cariños, Baci.

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  2. Me he fijado que cuando escribes cosas o sentimientos tristes eres muy bueno y llegas con tu escritura al corazón.
    Realmente es la poesía que más me gusta de las tuyas y no me canso de leerla.
    Un beso, Baci.

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  3. Hermoso... y el ser amigo de nuestros fantasmas.. eso esta ... no tengo palabras...

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